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Encuentros

Los alemanes residentes en la Argentina seguían los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial con gran atención. A través de los diarios y noticieros fueron familiarizándose con conceptos tales como batalla de tanques, aviones de combate en picada (Stukas), guerra relámpago, etc. También los nombres de militares prominentes, como Rommel, von Brauchitsch, Eisenhower, Montgomery, Patton, Paulus y otros tantos, eran tema de las conversaciones cotidianas. Pero nadie, en aquel entonces, se hubiera imaginado tener alguna vez contacto personal con alguno de estos protagonistas.

Finalizada la guerra, la República Argentina, como proveedora mundial de carnes y cereales, vivía en un boom económico y el gobierno del General Perón no tuvo mejor ocurrencia que embarcarse en una carrera armamentista. De las cámaras del tesoro nacional, repletas de barras de oro, surgieron los fondos para adquirir todo tipo de armamento en el mercado del War Surplus. En el ámbito de la Fuerza Aérea fueron adquiridos aviones de caza Gloster Meteor, bombarderos Avro Lancaster y Lincoln, como así también otros tipos de aviones, tales como los Beechcraft AT11, Mosquito, Fiat, de Havilland Dove, Douglas C-47, por sólo citar algunos de ellos.

Tambien fué ampliada y re-equipada la Fabrica Militar de Aviones en Córdoba. Estas tareas de modernización trajeron aparejada la necesidad de contar con personal altamente capacitado, con experiencia militar y técnica. Así fué que la Fuerza Aérea Argentina contrató a aviadores de alta graduación, tales como el as de los pilotos de caza del Tercer Reich Adolf Galland y el afamado piloto de Stukas Hans-Ulrich Rudel, como así también a los experimentados constructores de aviones Willy Messerschmitt y Kurt Tank entre otros, como asesores en esta nueva etapa.

A fines de los años 40 yo ya estaba editando la revista especializada NAVITECNIA, a la que agregué una nueva publicación sobre temas aeronáuticos, titulada AVIACION. Gracias a mi actividad profesional en la Aeronautica llegue a tomar contacto con el experto alemán Kurt Tank y le pedí una entrevista periodística. Nos encontramos en un hotel de Buenos Aires y él me dió amplia información sobre su pasado y actividad presente. Así me enteré que había trabajado en los años 30 para Willy Messerschmitt, pasando posteriormente a desempeñarse en la empresa Focke-Wulf de Bremen. En esta última diseñó el FW 200 Condor, que sería uno de los mejores aviones de caza de la  Segunda Guerra Mundial. AI finalizar el conflicto bélico emigró a la Argentina y allí diseñó en la Fabrica Militar de Aviones, el prototipo de avión de caza a reacción Pulqui. Según este modelo fué construído luego el perfeccionado Pulqui II, incorporado a la FAA en 1950.

Al preguntarle a Kurt Tank cómo se las arreglaba con el personal argentino, me contestó que entre los operarios locales habia encontrado a técnicos destacados, con gran sentido de la responsabilidad y mucha iniciativa propia, considerándose muy satisfecho con su actuación. AI concluir la entrevista Tank me comentó que iría a reunirse con su esposa, la que lo esperaba para almorzar. Extrañado, le pregunté si ella se encontraba también en el hotel. Me contestó sonriendo: No, mi señora está en casa, en Córdoba, añadiendo: Resulta que vine en mi Pulqui y en menos de una hora puedo recorrer de vuelta los aproximadamente 700 kilómetros que me separan de casa. Cuando reaccioné de la sorpresa, le formulé la indiscreta pregunta, si a pesar de su edad (cerca de los 50) aún se sentía capaz de volar a tales velocidades. Me contestó que precisamente una persona adulta estaba en  mejores condiciones de aguantar fuertes aceleraciones que un jóven, ya que este último aún no tenía sus órganos lo suficientemente consolidados en el cuerpo.

Lamentablemente extravié el artículo publicado a raíz de esta entrevista, pero este encuentro con una personalidad del pasado, geográficamente tan distante pero a la vez tan próxima en el tiempo, perdurará para siempre en mi memoria.

Años después, mi padre tuvo un encuentro similar, pero esta vez con proyecciones futuras. Con nadie menos que Wernher von Braun se encontro mi padre en el Club Alemán de Buenos Aires, cuando el afamado investigador de la cohetería moderna llegó procedente de los Estados Unidos para dar una conferencia ante el Centro de Ingenieros Alemanes en la Argentina, sobre el estado actual del programa espacial que estaba dirigiendo en el país del Norte. A raíz de este encuentro, mi padre quedó convencido de que von Braun lograría hacer llegar un cohete tripulado a la luna en el futuro próximo. Lamentablemente, vaticinó yo ya no estaré vivo para verlo. Así ocurrió, mi padre falleció en 1966 y el primer astronauta pisó la luna en 1969

Cuando pude visualizar por la televisión el arribo de  Armstrong a la superficie lunar, no pude menos que pensar en mi padre, quien desde el más allá seguramente se sentiría satisfecho de saber cumplido su pronóstico.